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Juan Velarde: “Medio millón de funcionarios en Andalucía es una barbaridad”

Ha acudido a Sevilla para presentar el libro que ha coordinado y en el que 33 economistas de reconocido prestigio explican «Lo que hay que hacer con urgencia» en España ante la crisis

—Frente al discurso oficial que dice que hemos tocado fondo, usted insiste en que no se le dice a los ciudadanos la verdad de la situación. Y el presidente de Mercadona decía el otro día que lo peor está por llegar…

—Si tocar fondo …hemos tocado. El problema es que ahora podemos empezar a agujerearlo para seguir cayendo. El artículo que publicaré el próximo lunes lo titulo así, «Hacia el centro de la tierra», porque ese es el riesgo tremendo que tenemos. En la situación de la economía española en este momento hay tres cuestiones mezcladas. En primer lugar, un problema de falta de competitividad con el exterior en una economía muy abierta, y eso genera una crisis siempre: ¿hasta cuándo podemos estar vendiendo mucho menos que compramos? Eso es un problema básico. El segundo, viene determinado porque simultáneamente a esto la dependencia financiera se ve incrementada por el gasto público, que no es sólo el del Estado. Las autonomías suponen ya el doble que el Estado, y o se arregla ese problema en serio o es imposible seguir adelante. Y la tercera cuestión es que además coincidimos con una crisis financiera internacional.

—¿Por qué dice que no somos conscientes?

—Lo que está pasando hay que contarlo, porque obliga a tales sacrificios que todos lo tienen que entender. Es decir, hay que decirle a algunos: «sí, sí, ya sé que tienes miedo a la energía nuclear pero es la barata»; a otros, «sí, sí, ya sé que te gusta tener tus competencias autonómicas pero en estos momentos no es posible mantenerlas». Todos tenemos que hacer sacrificios y creo que sólo se harán cuando se sepa la magnitud de lo que está ocurriendo.

—Pero en época preelectoral parece difícil que los políticos quieran pedir más sacrificios a los ciudadanos.

—Pero es que tienen que hacerlo. Es que cada día que pasa y se retrasan las soluciones es peor. Es que parches pequeñitos no sirven porque en economía todo está relacionado con todo. Cambio la edad de jubilación… ¿y qué? Como medida aislada no sirve. Hay que hacer un plan en bloque de medidas.

—Con el escaso crecimiento previsto, ¿debemos resignarnos al millón de parados en Andalucía?

—Crear empleo viene determinado por dos hechos. En primer lugar, si no aumenta el mecanismo productivo no se crea empleo. Pero crear empleo también puede crear inflación si no se cambia el mercado de trabajo. El caos legislativo que hay ahora hace que un empresario pequeño o medio —los grandes tienen sus asesores— se encuentre inmovilizado y no quiera meterse en este lío. Es un mecanismo que frena la contratación y no puede seguir así, hay que cambiarlo de arriba a abajo.

—¿Por qué debatir sobre el mercado laboral se vincula siempre a mayor desprotección del trabajador?

—La gente que tiene un empleo fijo son los que suelen estar afiliados a los sindicatos, y lógicamente estos los protegen. Pero claro, hay un conjunto de trabajadores que son temporales o que están en la economía sumergida o que están en paro… y son para los que se debe flexibilizar el mercado, pero para los sindicatos parece que dan igual. Eso es no darse cuenta de que el conjunto de trabajadores es muy amplio.

—¿Hay alguna de las «recetas urgentes» de su libro que deba ser aplicada especialmente en Andalucía?

—Es muy difícil, porque el mercado español está interconectado. De todas maneras, Andalucía tiene una ventaja, que viene determinada porque ha cambiado la renta de situación de España como consecuencia del crecimiento del tráfico entre el Pacífico y el Índico, con Europa. Todo está llegando por el Mediterráneo, y hay que saber aprovechar esa renta de situación, esa ubicación privilegiada de Andalucía. Esa es la apuesta que en estos momentos tenía que hacer esta región, desde Almería a Huelva, pero claro, eso hay que saber montarlo, hacerlo racional. Eso ya lo publicó en su día el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, que también lo quería aplicar a Italia.

—El crecimiento económico andaluz se ha sustentado en la construcción y nos ha arrastrado en su desplome. ¿Hay alternativas?

—Las burbujas especulativas lo que tienen es eso, que a continuación llegan un conjunto de desastres que no hay quien arregle… Solución mágica no hay, pero es evidente que hay que reconvertir a esos empleados, porque ese sector ya a no va a volver a ser como era.

—La Junta de Andalucía habla de cambiar el modelo y buscar salida en nuevos sectores.

—Andalucía lo que sí tiene es un conjunto de posibilidades extraordinarias, en primer lugar por lo que hemos comentado de su renta de situación geoestratégica, y en segundo lugar porque tiene posibilidad de aprovechar el «efecto California»…

—¿Qué es eso?

—California se desarrolló porque tenía sol, buen tiempo y buenas condiciones, y por eso multitud de actividades industriales le siguieron. Y aquí puede ocurrir igual. Es que en lugar de estar pasando frío en el norte de Europa, se pueden atraer inversiones a una región con buenas condiciones sociales y jurídicas, esto no es Marruecos. Hay condiciones para hacer una Andalucía impresionante. De hecho, ya en la revolución industrial empezó tirando Andalucía, donde había exportaciones y capital extranjero, pero al final ganó la carrera Cataluña.

—Otros sectores tradicionales en Andalucía, como el Turismo y la agricultura, ¿cree que podrán seguir tirando de nuestra economía?

—En este momento, los precios de productos agrarios, tanto los alimenticios como los no alimenticios (algodón, etc.) están subiendo y donde hay posibilidad de explotación agraria, como en Andalucía, hay que potenciarlo. Comparto con Jaime Lamo de Espinosa, el que fuera ministro de Agricultura, que esto hay que asumirlo ya como una industria, la industria agroalimentaria, que tiene fábricas con mayor superficie (todo ese campo). Y tiene un futuro enorme. Hay una necesidad vital que es comer y vestirse y no podemos olvidarlo. Por ejemplo, la industria petroleoquímica se acaba de aquí a 50 años y vamos a dejar de vestirnos con tanto plástico y vamos a volver al algodón.

—Una de las medidas urgentes que plantea en su libro es la reforma educativa. En Andalucía tenemos un 36% de fracaso escolar…

—La educación es muy seria y no podemos estar con pamplinas. Es fundamental la exigencia hacia los alumnos, y que la docencia esté preparada. La educación debe reorientarse completamente porque hay nuevos planteamientos, desde los idiomas a las nuevas tecnologías. Y por supuesto, la gente tiene que saber redactar un informe sobre lo que ha hecho o saber comprender unas instrucciones que se le han dado por escrito, y para eso hace falta un nivel de lectura y escritura. Se ha hundido la Formación Profesional, que no es sólo que una persona aprenda a ser albañil sino que abarca todos los grados. Además, la educación superior debe estar vinculada con el mundo empresarial a los más altos niveles. Y nada de eso se está haciendo.

—Hablaba antes de los trabas burocráticas para crear una empresa, pero si a eso unimos en estos momentos la falta de financiación…

—Si el conjunto español se ha desarrollado, especialmente desde 2004, con un endeudamiento creciente, es lógico que los que nos prestan dinero hayan cortado el grifo. No es posible tener buena financiación con un déficit grande, y con esa falta de competitividad.

—En un año hemos pasado de 45 cajas a 17 grupos, ¿será suficiente?

—El problema no es el número sino la eficacia. Las cajas de ahorro tuvieron su momento y su lógica, vinculadas a próceres locales —la primera en Jerez hace 175 años— que estaban muy vinculados a su territorio. Pero cuando en 1977 entraron las autonomías se convirtieron en otra cosa. ¿Cuáles se están salvando? Las cooperativas de crédito, es decir, las cajas rurales, que siguen muy vinculadas al territorio y controlan lo suyo.

—Ya que habla de comunidades, ¿está en debate el sistema autonómico o cómo se gestionan?

—Las comunidades están en la Constitución Español y cambiarla es complicado, pero en la propia Constitución, en su artículo 131, se dice que la planificación económica de las comunidades y del Estado no deben chocar y hay que armonizarla, por lo que debe constituirse una entidad. Pero nunca se ha desarrollado y nos encontramos con 17 regiones inventando leyes que han roto el mercado y vuelven loco al empresario. Pero es que además, ahora no pueden asumir transferencias que en su día reclamaron, como la sanidad. Todo eso acaba siendo enormemente caro. Todos quieren tener su cuota de poder.

—En Andalucía tenemos medio millón de empleados públicos. ¿Cuál es su opinión?

—Es una barbaridad. Hace varios años que el Fondo Monetario Internacional (FMI) decía que llega a ser un mecanismo para encubrir el paro, ya que no tiene nada que ver con la eficacia del sistema. Es sólo una fórmula para pagar empleos, pero no aumenta efectividad del sector público, sino todo lo contrario.

—La situación que nos describe ¿nos lleva irremediablemente a la intervención?

—No. Una característica de España es que nuestro hundimiento generaría tal caos en la zona del euro que lo rompería, y si se hunde el euro sube el dólar, lo que sería para EE.UU. un golpe muy fuerte, que afectaría inmediatamente a China… Quiero decir que somos un elemento clave en el conjunto internacional. Estamos en una situación de «Los intereses creados» de Benavente: un sinvergüenza que ha montado tal tinglado alrededor que no puede ser castigado. Y por eso están por aquí los chinos y Merkel, y los árabes… todos interesados que que esto no caiga.

—¿Hay muchas diferencia entre los economistas españoles sobre lo que hay que hacer en función de sus tendencias?

—No, en absoluto. Y buena muestra es este libro, en el que yo no he cambiado ni una coma a ninguno. Y sus trabajos pueden ser muchas veces intercambiables. Cuando nos ponemos a hablar entre nosotros estamos básicamente de acuerdo.

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